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¿Cuándo...?

La pregunta siempre es la misma y causa revuelo en todos nosotros, ¿cuándo…?, y abarca todos los ámbitos, es la pregunta que muchas veces uno mismo se plantea en el momento en que algo no ocurre en la forma que uno espera, es el síntoma inequívoco de la existencia de la esperanza, nos preguntamos profesionalmente ¿cuándo será el momento en que asuma mis responsabilidades?, ¿cuándo será aquel día en el que las cosas que con esfuerzo hago resulten en algo positivo?, ¿cuándo será que mi inteligencia y mi astucia saldrán a flote?, ¿cuándo será el momento de hacer el cambio y moverme de la mediocridad y de la "zona de confort"?, familiarmente uno podría preguntarse ¿cuándo mi familia se reintegrará?, ¿cuándo se volverá a ver la unidad de otrora?, ¿cuándo nos daremos cuenta de que no hemos sido empáticos y a cambio hemos sido muy egoístas?, personalmente, ¿cuándo será el momento en el que me encuentre a mi mismo?, ¿cuándo me daré cuenta de que lo que soy y cómo soy es más importante que lo que pudieran decir los demás?, ¿cuándo será el día en que conozca a aquella persona que no me “llene” sino más bien, me complemente, me enseñe, me valore, respete y ame?, ¿cuándo dejaré mi propio miedo y egoísmo y abriré mis sentimientos para compartirlos?

Muchos coincidirán conmigo en que la base fundamental de tales preguntas, como ya dije, es la esperanza, la esperanza de que en algún momento ocurra algo que nos haga enfocarnos en lo que verdad queremos, el hecho, es que tal esperanza es banal y carece por completo de sentido al confrontarla con la realidad irrefutable de que no ocurrirá algún suceso extraordinario que propicie tal cambio de actitud, al final somos nosotros mismos quienes tenemos que darnos cuenta qué es lo que en realidad queremos pero no solamente es eso, es asumir las responsabilidades consecuentes de tomar tal decisión pues somos nosotros quienes tenemos que encausar nuestros pensamientos y acciones en ese sentido. Sentarnos a esperar que algo ocurra es perder el tiempo, recurso invaluable del que gozamos tan poco en nuestra existencia, por lo cual, es injurioso desperdiciarlo.

Despertemos pues de nuestro propio aletargamiento y tomemos de una vez por todas las riendas de nuestra vida, demos todo de nosotros mismos para obtener lo que queremos, aferrémonos a nuestras decisiones no con afán obstinado sino con conciencia, sentido común y más importante con convicción personal de que lo que hacemos es lo correcto y para nuestro beneficio e inclusive para el beneficio de los demás, de esto y no de otra cosa hablan las personas que a lo largo de su vida han obtenido prácticamente todo lo que han querido, personas ricas económica y personalmente, de esto trata la denominada “Ley de la Atracción”, no es una fuerza mística la que hace que el Universo gire a nuestro favor, es nuestra propia voluntad y la fuerza de nuestras decisiones correctamente enfocadas.

¡Hagamos acto reflexivo y tomemos las acciones pertinentes, no perdamos más el tiempo, empieza hoy mismo, empieza ya!

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