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Un Tommy hasta el piso del metro

La vida, cuando lo tienes todo, suele ser sumamente aburrida. Ir a la Universidad es solo una forma de pasar el tiempo sin que amerite esfuerzo alguno porque al final del día, pesa mucho más el apellido, especialmente el mío. Es de dominio público que mi familia es de esas que los clasemedieros llaman "los oligarcas" o "la mafia del poder", no es algo que nos interese particularmente pues aún con todo, los negocios siguen prosperando, el dinero entra a raudales y no le rendimos cuentas a nadie. Claro que también es riqueza bien habida porque si de algo nos jactamos es de que en la familia hacemos bien las cosas, pero como todos, al inicio en las épocas y generaciones pasadas, hubieron pactos y negocios que bajo el amparo del poder público, resultaron en jugosos negocios para nosotros y nuestros socios. Qué se puede decir al respecto.

A mis 21 años, las expectativas están desbordadas, falta realmente poco para terminar la carrera de  "administración de negocios internacionales" o lo que sea que eso signifique para seguir los pasos de mi papá, mis tíos, mis hermanos y continuar el legado de la familia, todos montados en la hidra de las mil cabezas empresariales con intereses en todos los ámbitos. Abrumador y aburrido, una silla me aguarda, claro no sin antes el MBA en Boston o en Ginebra, no lo sé, ese sería un buen escape para deshacerme del peso de cargar una vida pública, siempre bajo el escrutinio de los chismosos y los envidiosos.

El escándalo siempre ha sido una constante. Mis primos ahogados en alcohol y cocaína en Miami, el tormentoso divorcio de mi hermano, las excentricidades de mi tía, la nueva empresa "ecocida" de papá, siempre bajo la lupa y siempre bajo la búsqueda del más recóndito secreto familiar que pudiera salir en las portadas de las revistas de chismes o si no, siempre en la sesión de fotografías de las revistas sociales, sonrientes y felices, en el éxito de quienes logran el sueño mexicano.

Desde niños lo supimos, criados con las nanas, las señoras y las muchachas, con muy poca interacción con papá y más aún después de la muerte de mamá por un cáncer devastador que valieron horas y horas de redituables habladurías para la televisión y la industria del chisme, nuestro comportamiento tenía que ser sumamente cuidadoso, nos habíamos hecho apáticos, cuadrados, aburridos, desconfiados, todos metidos en una casa inmensa en donde ni siquiera podríamos saber si alguien la habitaba. Suele ser muy común el no vernos en varios días hasta de pronto toparnos en la cocina escarbando algo de queso y algún vino, una sonrisa casual y a seguir el día cada quien en su apartada habitación.

En cierta forma, soy algo diferente de mi familia, hago las cosas en automático y no tengo grandes ambiciones de poder, fama o prestigio, veo el panorama amplio y sé que vivo en un privilegio inimaginable para tanta gente en el país, sin embargo, poco me importa hacer algo, no está en mis planes desajustar los engranajes de la máquina del dinero familiar en una causa social que no beneficiaría a nadie, la gente es ignorante y no sabría qué hacer con el poder y la riqueza. Ejemplos hay miles, grandes héroes nacionales que acaban convirtiéndose en políticos corruptos y luego en dictadores, falsos emprendedores que creen que sus productos cambiarán el mundo con utilidades nulas y más pérdidas que cualquier tiendita de esquina, posers que ostentan una vida de lujo que no pueden sustentar.

Tengo cierto gusto particular por la gente que sale a "ganarse el pan de cada día", me intriga demasiado ese mundo del vivir con lo que se tiene en el bolsillo y poco más, ¿qué sacrificios hacen? ¿qué aspiraciones tienen? Conocer a esa gente es mi fascinación, pero es difícil hacerlo de forma franca y honesta, usualmente por mi aspecto, me ven con desconfianza o recelo o quizás con ganas de estafarme o de asaltarme. Ese es uno mis mayores secretos y que ninguna revista de chismes o alguien de mi familia lo ha sabido, me encanta esa vida clasemediera y me encanta a tal punto que he hecho grandes esfuerzos por tratar de mezclarme con ellos. No sé si dimensionen el nivel de escándalo que sería si se supiera que yo he andado por el barrio más pobre tomando cerveza en caguamas en la banqueta con muchachos que en mi vida he vuelto a ver o en deambular por lugares aparentemente peligrosos, solo por el gusto de conocer.

Por supuesto que mis hazañas conllevan un ritual, para ser hay que parecer y he hecho ya varios progresos en mis andanzas. 

En un principio tuve que escabullirme de la casa un poco más temprano de lo habitual, agarrar el coche y poner la ruta buscando el tianguis más cercano, espejeando para asegurarme que nadie me siguiera para después parkearme no tan cerca y caminar unas cuadras llevando únicamente dinero en efectivo, esa primera vez me sentía extraño ante la amabilidad de todo mundo y de que todos los comerciantes me dijeran "güerito", creí que en verdad era por mi tono de piel pero después me enteré, en un sutil golpe de realidad, que ahí todos son "güeritos" y "güeritas", quizás con eso pude sentirme con mayor confianza. La misión, además de conocer los aspectos básicos del tianguis, era adquirir ropa. Un outfit que fuera menos obvio que el que se suele usar en mi ámbito, conseguí playeras básicas de $150 pesos, unos jeans de $300, un hoodie de apenas $250, unos sneakers que hacían conjunto y que justo me quedaban al calce, mejor que cualquier otro par que me haya probado en las tiendas de siempre entre muchas prendas más. Estaba extasiado, comí quesadillas de chicharron con queso y tacos de cecina, máximos exponentes de la comida de tianguis, una aventura que jamás había hecho solo. Y salí de ahí, como del shopping mall pero con bolsas de plástico oxobiodegradable retacadas de ropa y por una nada de dinero. Rápido las metí en el maletero de mi BMW y huí a toda velocidad.

La misión fue todo un éxito, el probarme los outfits en casa me llenó de emoción por primera vez en mucho tiempo, al verme en el espejo en verdad pude constatar que el aspecto cambia a la gente y en un momento dado empecé a sentirme parte de ellos, me veía incríblemente bien como si fuera el muchacho guapo del barrio, era hilarante hacer las caras más rudas ante el espejo y la carcajada salía sola. Después, conforme pasó el tiempo y cuando hubieron más incursiones en cantinas y un par de veces en bailes en la calle, donde aprendí torpemente a bailar salsa y cumbia haciéndome pasar por un gringo hippie, llegaron los perreos los disfruté poco ya que tenía que salír huyendo antes de que trascendiera a otras situaciones más comprometedoras o terroríficas, seguro que esas historias merecen ser contadas propiamente en otra ocasión, ya que mi más próxima misión no sería en estos lugares que ya conocía, ahora llevaría las cosas a un nuevo nivel.

Con aire casual, salgo de casa con una bolsa Balenciaga en la mano, como para guardar las apariencias pensando en ropa del gym, adentro contiene el outfit de ocasión especial, una playera azul ajustada al cuerpo, una gorra pirata de los Yankees de Nueva York, un pants gris ajustado que deja ver el paquete y la banda de la ropa interior y los tenis imitación Adidas "concha" como les dicen, es un outfit simple pero de buen gusto considerando su origen "tianguero", bajo unas cuadras en el auto y me meto al estacionamiento de un Oxxo, justo el lugar indicado para pasarme a los asientos de atrás del coche y cambiarme la ropa, salvo la trusa  el lugar indicado para pasarme a los asientos de atrás del coche y cambiarme la ropa, salvo la trusa Tommy, todo lo demás fue reemplazado, regreso al asiento del conductor y arranco el vehículo. El reloj me indica que son las 6pm, queda poco tiempo para llegar y alcanzar el momento ya que de acuerdo a mi investigación, entre esa hora y las 9pm era lo idóneo o si no tendría que esperar hasta casi medianoche.

Rápidamente estaciono el auto en el mall y salgo corriendo del lugar cargando solo con la llave y la tarjeta de acceso, en la calle llena de charcos pestilentes pronto la alcanzo a ver, es la multitud oficinista que va saliendo de sus lugares de trabajo y que tanto tráfico provoca, todos caminan prácticamente en una sola dirección a la cual me dirijo también y poco a poco me entremezclo con ellos, el bullicio era ensordecedor, pronto bajamos como una sola mas las escaleras del metro y el sofocante calor me envolvió, olor a fragancias baratas entremezcladas con alientos, sudores, tos. Quizá otros se sentirían ahogados pero yo lo resisto con gusto, trato de imaginar el rostro de mi papá en un lugar así o del mamón de mi hermano, es algo inconcebible en nuestra burbuja de lujos y espacio personal.

Conforme voy avanzando, sigo las instrucciones en mi mente que mi investigación en Google y Twitter, me arrojó. Debo seguir hacia donde va la mayor cantidad de personas y colocarme en la parte final del pasillo, en el último vagón del metro, un sitio misterioso pero que he deseado conocer a como diera lugar después de ver los asombrosos videos que circulan en Internet, llegué al lugar e inmediatamente supe que ese era el momento idóneo, las miradas empezaron a caer sobre mí y sobre mi paquete abultado, ¡lo sabía!.

La gente se estaba juntando cada vez más, tal como si llenaras un globo con agua, la emoción embarga todo mi cuerpo y en realidad lo que se llenaba de líquido era otra cosa. Suelto un suspiro que relaje el embriagante momento, claro que ya había viajado en metro antes en mis incursiones al mundo clasemediero pero nunca me había enterado que se podían tener las mejores aventuras no digamos ya en los destinos a los que me había dirigido, sino en el propio trayecto, vaya asombro fue enterarme de ello y no dudé en planificarlo para poder conocerlo al fin y literalmente, de primera mano.

El metro llega haciendo su habitual ruido y la gente se aglomera en los puntos donde quedarán las puertas, yo me preparo para entrar, muchachos delante y detrás de mi se juntan y me aplastan, de pronto la puerta se abre y en una estampida liberada, las personas entran y se apoderan de los lugares entre empujones y codazos, la marabunta me empuja hasta el fondo justo al lado de la puerta al otro lado del vagón y conforme la presión se distribuye, todos se acomodan en el lugar preciso, suena la señal del cierre de puertas y yo recargo la cabeza en el cristal, no pasa nada de tiempo cuando siento las miradas y las sonrisas, sutilmente devuelvo alguna de ellas. Qué locura debe ser para los viajantes del metro en ese vagón, el encontrarse con un whitexican hasta los huesos que les sonríe sutilmente con ojos verdes y largas pestañas. Soy muy guapo, lo sé.

No pasa apenas nada de tiempo en el arranque del trayecto hacia quién sabe dónde, cuando lo siento, una mano pícara y atrevida roza sutilmente mi pants justo en el abultamiento, mi emoción se empieza a manifestar físicamente y esa mano lo nota, el dueño me lanza sonrisas envalentonadas, un tipo moreno y de cuerpo robusto, no me importa, sonrío sutilmente y me paso la lengua por el labio inferior, sin dudarlo ahora toma con total confianza mi miembro que se ha parado como soldado y lo acaricia solo un instante por encima del pants porque antes que otra cosa pase, otra mano aún más atrevida se abre paso por entre el Tommy y mi piel, alcanza fácilmente al cipote y lo acaricia sin reparo alguno. La primer mano, indignada ahora toma el pants y el Tommy y los remueve hacia abajo liberando la presión que se acumulaba dentro.

Ambas manos juguetean y se entremezclan en un vaivén placentero como ningún otro, la adrenalina está a tope y más aún cuando abro los ojos y veo todas las miradas dirigidas hacia la escena inferior y quizás, alguna sonrisa maliciosa, pasa poco tiempo más del jugueteo de las primeras manos que siguen en lo suyo, cuando de pronto siento una tercera, esta vez en la parte de atrás del pants haciéndose espacio entre el Tommy que aún cubre mi cuerpo, acaricia mis nalgas con soltura, la mano se siente áspera en comparación a mi piel pero lo disfruto, no tarda mucho en alcanzar su destino, mi culo.

Lo acaricia con la suavidad máxima que pueden ejercer unos dedos ásperos y gruesos, el dueño es un señor de edad madura que con rostro adusto se muestra en éxtasis, las manos están haciendo una gran labor en frente, en mi miembro y mi cuerpo está a full ante los nervios, la adrenalina, el desparpajo y la complicidad que solo un lugar así ofrece, respiro hondo conteniendo el vaivén de emociones que viajan por el torrente sanguíneo, el sudor ya mojó mi playera y mi gorra. Durante la llegada en la siguiente estación todos detuvieron sus caricias ante el impredecible movimiento de personas que entran y salen del tren, pero la puerta aún no termina de cerrar cuando mis nuevos amigos ya retomaron las caricias, ésta vez con más bríos, la masturbación que me hacen esas manos ya ha liberado de mí buena parte de líquido preseminal lo que ha provocado mayor lubricación y con ello más placer, por el otro lado una nueva mano acariciaba mis nalgas pero la primera ahora pretendía encontrar un camino para hacerse paso dentro de mí con cierto dolor, el esfínter reacciona en automático cerrando cualquier imprudente acceso, tendría que buscar otros métodos si quería lograr su cometido.

Llegamos a la siguiente estación, se ve en los rostros de los demás que desearían que el tren no detuviera su marcha hasta cumplir con su misión, hacerme sentir el mayor de los placeres, cierra nuevamente la puerta y la depredación continúa, ésta vez alguien conviene en, de plano, bajarme el pants y el Tommy por completo, alarmado, trato de evitarlo pero fracaso en el intento. "Ni pedo", pensé. Aquel que hacía su incursión detrás, hizo algo diferente, siento mojado, al parecer chupó sus dedos y ahora abría el esfínter en un movimiento circular suave pero contundente y muy doloroso, aguanto con fuerza cerrando los ojos e incluso distrayéndome de los de enfrente que en su vaivén desesperado, comienzan a dañar mi piel que protesta con cierto ardor.

Al principio había solo un dedo insertado dentro de mi ano pero luego percibí que eran dos, el desgraciado lo había logrado, me provoca una dilatación tal, que solo puede ser producto de la experiencia y aunque los dedos aún se mueven con dificultad, el dolor es reemplazado por un placer indescriptible, le sentía alcanzar un punto justo al fondo que al aplastarlo y rozarlo con las uñas, hacía que brotara más líquido preseminal junto con un gemido contenido desde el fondo de mi garganta, los de enfrente seguro están agradecidos y francamente la piel de mi glande también. Otras manos acarician mis brazos, mi abdomen incluso alguien me toma del cuello pretendiendo besarme, eso sí que no.

Poco a poco lo voy sintiendo, el momento de éxtasis cumbre se acerca, observo a mi alrededor apretando mis labios, las señales son evidentes entre todos los implicados, el momento está muy cerca, mi respiración está a full, los dedos en mi trasero provocan oleadas de electricidad en todo mi cuerpo, en un instante la que era una las manos de enfrente se convierte en una boca húmeda y sedienta, no pude evitarlo, ni siquiera me percate de ello, el maldito lo hace en el momento preciso donde ya todo es irreversible, suelto un gemido fuerte y siento los borbotones de semen que salen de mí hacia la garganta del desconocido hacia un destino incierto pero anhelado, el placer es inmenso, la sangre golpea con fuerza las venas y el cuerpo me tiembla agitado y lleno de corrientes eléctricas infinitas, los ojos cerrados del receptor y su ímpetu en extraer hasta la última gota, demuestran que no cabe de alegría, los del alrededor lo ven con cierta envidia y asombro ante su atrevimiento. Del otro lado los dedos están estáticos después de haber sido abrazados en el vaivén de placer lo que dificultó su movimiento. Dejarlos adentro fue, sin duda, lo más sabio.

Respiro con una agitación extrema, poco a poco las manos se alejan habiendo cumplido la misión, la boca sedienta aún quiere más pero por ahora ya no hay, los dedos de atrás salen de dentro de mí con suavidad y ahora cada mano realiza una nueva labor, un par de ellas toman mi pants de entre mis tobillos, desenrollan el Tommy y lo suben por mis piernas hasta su posición original, otras más acomodan mi playera, poco a poco borran las huellas de la fechoría, otras manos acarician mis brazos y mi abdomen incluso le dan palmaditas en una aparente señal de "good work fella", rostros de victoria carnal y en una increíble historia que contar.

Extasiado, venido y acomodado todo al fin, los empujo sutilmente para bajarme en la siguiente estación seguramente en algún lugar perdido de la ciudad, se que algunos salen detrás de mí y me siguen porque los veo por el rabillo del ojo, pero yo, experto que soy en perder paparazzis, me deshago de ellos fácilmente, después de lo acontecido, quedarse a hablar carece de todo sentido, el lenguaje de la piel, el sudor y el semen debería dejar todo en claro.

Voy de regreso a casa en el BMW habiendo hecho parte del trayecto de regreso en el metro, voy en la vía rápida a 120 km/hr con la música a todo volumen y gritando de emoción, la piel irritada arde por delante y por detrás pero sin dudas esta noche es un ganar-ganar, la vida toma un nuevo sentido descubriendo que en lugares como ese, tan alejados de la parafernalia y la moralina, se conforma un sincretismo orgásmico con la carencia y la opulencia, difícilmente alguien me ha de encontrar o reconocer ahí, un mundo de posibilidades se postra a mi pies. Seguro que de estas noches de lascivia obscena, han de haber más.

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